Archivo mensual: abril 2017

VIDEOS: Danza ñáñiga, un clásico, dos versiones

La noticia de hoy es puro pretexto para darme el gusto de escuchar y proponer buena música: el tema que promociona el Día Mundial del Jazz, que se celebra cada 30 de abril, es justamente Danza Ñáñiga, ese clásico de Ernesto Lecuona que retomara Chucho Valdés, dándole una dimensión jazzeada a las hondas raíces africanas que lo conforman. Y digo que es para darme el gusto, porque aunque en esta ocasión la versión que recorre el mundo es la de Chucho con nuestra querida Omara Portuondo, en lo personal prefiero la grabada por Mayra Caridad Valdés. Para que no tenga que escoger, aquí dejo las dos, igualmente disfrutables…

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EN FOTOS: Faro Roncali, la última frontera

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De un lado el mar y del otro, hectáreas de espesura infinita. Y entre agua y tierra, marcando el punto más occidental de Cuba, el Faro Roncali, en la Península de Guanahacabibes. Desde 1850, testigo del tiempo, de huracanes y naufragios. Otrora en abandono y hoy con un esplendor que resalta desde lejos y es más visible en sus escaleras bien cuidadas, sus paredes blanquísimas y su bien engrasado mecanismo de reflectores y espejos. «Hay que dejar los zapatos antes de subir», nos advierte el guía, y nosotros obedecemos, ante tanto celo. Y comenzamos el ascenso por su escalera de caracol, de un rojo impecable. En cada descanso, la parada inevitable, por el esfuerzo, y porque las pequeñas ventanas invitan a llenarse del contraste entre la oscuridad interior y el sol reflejado en las aguas. Ya en lo alto de sus 25 metros, recuperado el aliento, el faro-mirador regala una vista espectacular del paisaje costero y boscoso. Si la imaginación ayuda, podremos ver los famosos y escurridizos venados que allá abajo habitan, o las miles de aves y otras especies; entrar en los sitios arqueológicos o en los arrecifes coralinos; y podremos intuir la vida solitaria de esos hombres de campo, que han hecho de este lugar una de las reservas de la biosfera más cuidadas y respetadas de la Isla. Se dice que Guanahacabibes fue el último refugio de los aborígenes en Cuba. Y hoy sigue siendo el escape más extremo. Lejos quedan la agitada ciudad, el estrés, el bullicio, los miedos. Por unos instantes de paz y silencio, es posible reecontrarnos, y volver a empezar.

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